Allí estuviste como siempre, Imposible.
Paseándote arrogante por los despachos de arquitectos e ingenieros.
Tú. Imposible.
Convocaste a la duda y la incertidumbre. Incluso al miedo. Y con ellos, hiciste que se rompieran planos, que se trabajara sin éxito dias y noches. Y luego, te paseaste por cada planta, celebrando por lo más alto, cada dificultad, cada inconveniente, y sabes una cosa, Imposible?
Por todo ello quiero darte las gracias, porque no concibo un rival mejor que tú.
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