Era políticamente correcto, el humo le producía picor en los ojos, el incienso no le gustaba, no había leído un libro que le llegase a donde nadie había llegado, odiaba el té verde, maldecía cualquier concurso de los que te empapan el alma de eslógans y el cerebro de dinero, nadie le producía ni el mínimo atisbo de sensibilidad, creía que había cosas imposible de creer, nadie estaba por casualidad sino por finalidad, era una persona totalmente serena, altiva y cautelosa, mecanizaba todo aquello que le producía un placer meramente cultural, viajaba por negocios y no por diversión, comía todo lo sano que puede comer alguien que no quiere tener colesterol a los 32, iba al gimnasio 3 veces por semana, 4 horas diarias, abductores, pesas, abdomen y viceversa, tenía una familia ejemplar, prototipo americano, a la cual hacía 7 meses que no veía, desde el entierro de aquel tío lejano de su padre que nunca había conocido.
No buscaba, encontraba...hasta que un día le encontraron a él.
Luz, “riiiing”, alarma, móvil, mañana, martes, Luz, tostadas, corbata , resaca, gimnasio, joder, puta gata, alarma, ducha, tostadas, alarma, para, alarma, frío, alarma, levantarse, luz…ALARMA.
Va hasta la cocina y allí le espera impaciente, mirándole, con esa mirada que solo sabe hacerle ella, se ha levantado más tarde de lo normal, piensa, y solo son las 9 joder, piensa él.
Enciende la radio, la emisora le da los buenos días, hoy tendrá un día caluroso de Enero, temperaturas que oscilan los 2 grados, un frío que se cala hasta que el dedo meñique se rompe en pedazos, viento polar, y una nevada prevista para media tarde. Un día hecho para él.
Sonríe y abre la nevera, la lechuga de ayer, los tomates, la leche, un par de huevos y la carne descongelada le dan sus buenos días, pero su Actimel pasa de él desde hace 2 días. Por suerte las dos últimas naranjas de la caja que le envío aquel cliente tan patético con apariencia de Melchor, al cual sacó de la crisis después de su pésimo intento de inventar sopa con sabor a naranja, le esperan para ser exprimidas.
Odia la maldita pulpa del zumo, decide hacerse un café solo mientras se fuma el primer cigarro de la mañana. Directamente al baño. Entre olor a Brise un toque se mira al espejo. Barba de dos días, un par de legañas en el ojo izquierdo, corte de pelo a lo James Dean, dos canas más que ayer y un dolor de cabeza horroroso, se mira el abdomen, el pectoral y la espalda. Perfecto.
Se toca la cara mientras el agua le acaricia, abre la boca y la cierra entrecortadamente, el vapor inunda el baño, mientras suena “My door is always open” de Noah and the Whale,, hoy no tiene ganas de masturbarse, no siente placer alguno, ni ganas de sentirse a él mismo.
Abre la puerta de casa y no está el periódico, el repartidor aún no ha pasado, maldito incompetente, piensa. Cierra de un portazo mientras se dirige al salón, ella le mira inquieta, se acerca y le ronronea, la acaricia mientras la separa de su pierna. Coge el móvil, tres llamadas de su madre, se sorprende, se gira y mira el calendario que tiene encima de la estantería, 6 de enero de 2010 parece apuntar. De repente se le viene a la cabeza: Reunión familiar, mamá, cocido, papá, regalos, sobrinas, hermanos, tíos, abuelos, risa, falso, no quiero, mierda, dolor de cabeza, tele, gato, tabaco, mamá, MIERDA.
Se sienta en el sofá, Luz acude a él al instante y se acurruca en su costado mientras un leve gruñido de placer le absorbe. Se echa las manos a la cabeza, ni tiene regalos para sus sobrinas, ni ganas de ir, ni presencia para estar con la familia con la cual se discutió en navidad por no querer decir las cosas claras.
“Tú siempre igual, vergüenza te tendría que dar” es lo último que escuchó de su padre, y lo último que quiso escuchar.
Suenan Sigur Ros, “Vaka” mientras nieva en la calle, se oyen niños jugar, él continúa en albornoz tumbado en el sofá de piel tomando su segundo café en menos de 2 horas. Suena un mensaje, se levanta, Bandeja de entrada, 666..
Traga saliva, deja el móvil, sudor frío por su mente, mira a Luz, se sienta en el sofá y mira por la ventana.
“No puedo más” dice perdiéndose entre la nieve que cae en los cristales de aquel ático de Barcelona, mientras la primera lágrima de muchas se esboza por su resaltada mejilla.
Así empezó el primer día de Frank, solo, frío y con sabor amargo.

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